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Crecimiento económico 2025 y 2026 para Sudamérica

El crecimiento económico 2025 en Sudamérica está marcado por un entorno global desafiante, donde la desaceleración de China, las tensiones comerciales y los altos niveles de deuda mundial generan presiones sobre las economías emergentes. Sin embargo, la región exhibe señales mixtas: inflación disminuyendo, políticas monetarias más flexibles y sectores estratégicos que empiezan a recuperarse luego de varios años de inestabilidad. Perú, Colombia, Chile y Ecuador avanzan en trayectorias distintas, pero comparten un desafío común: sostener el crecimiento mientras se reduce la vulnerabilidad estructural que históricamente ha limitado su desarrollo. Este artículo revisa sus resultados recientes y evalúa sus perspectivas para 2026 con base en estimaciones del Fondo Monetario Internacional.
Perú: recuperación sostenida, pero dependiente del ciclo minero
Perú llega a 2025 con una recuperación económica vigorosa, impulsada por la expansión minera y por la normalización de actividades productivas que habían enfrentado interrupciones en años previos. El país cerrará el año con un crecimiento cercano al 3.0%, mientras la inflación se mantiene controlada alrededor del 2.2%. Esta estabilidad de precios permite que el consumo interno consolide su recuperación, especialmente en sectores como comercio, transporte y servicios. La inversión pública, que había mostrado rezagos estructurales, también ha empezado a ejecutarse con mayor eficiencia, contribuyendo al dinamismo general del país.
Hacia 2026, el FMI proyecta un crecimiento de 3.2%, una cifra que dependerá en gran medida del comportamiento de los precios internacionales del cobre y del avance de grandes proyectos extractivos. Perú mantiene una posición privilegiada en la minería mundial, lo que representa una fortaleza pero también una fuente de vulnerabilidad. Si la demanda global se mantiene sólida, especialmente desde China y Estados Unidos, el país podría ingresar en un nuevo ciclo de expansión. Sin embargo, un retroceso en el mercado de metales tendría un efecto directo sobre la recaudación, la inversión y el empleo.
Los desafíos estructurales continúan siendo un freno considerable. La informalidad laboral, que supera el 70%, afecta la productividad, limita la recaudación y genera brechas de desigualdad que condicionan la calidad del crecimiento. Además, la vulnerabilidad frente al Fenómeno El Niño sigue representando un riesgo recurrente, con posibles impactos en agricultura, infraestructura y precios. Pese a estas tensiones, las oportunidades para 2026 son claras: la agroexportación avanza con productos de alto valor, la minería vinculada a la transición energética gana relevancia, y el país tiene potencial para diversificar sectores emergentes si se consolidan reformas de competitividad.
Colombia: expansión moderada con retos fiscales y necesidad de confianza
Colombia transita 2025 con un crecimiento cercano al 1.8%, reflejando una recuperación gradual luego de un período complejo marcado por una alta inflación y condiciones financieras restrictivas. La inflación, que converge hacia el rango del 5–6%, ha permitido que la política monetaria comience a flexibilizarse, lo que alivia la presión sobre hogares y empresas. Este proceso abre espacio para que sectores como comercio, servicios profesionales y agricultura muestren señales más claras de dinamismo. Aun así, el mercado laboral continúa tensionado y el empleo formal no recupera plenamente impulso.
El FMI proyecta un crecimiento de 2.5% en 2026, impulsado por el descenso de tasas de interés y una moderada recuperación del consumo. No obstante, el entorno fiscal representa un riesgo significativo. El déficit elevado y la necesidad de aumentar el gasto social generan presiones sobre la deuda pública, elevando la probabilidad de ajustes tributarios que impacten en la confianza empresarial. Además, la volatilidad en los precios del petróleo, una de las principales fuentes de ingresos fiscales, podría introducir nuevos elementos de incertidumbre.
Colombia posee oportunidades estratégicas que podrían redefinir su crecimiento hacia 2026. Su ubicación geográfica la convierte en un destino atractivo para iniciativas de nearshoring, especialmente en manufactura ligera y servicios digitales orientados a Norteamérica. La economía creativa y el comercio electrónico también muestran avances significativos, mientras el sector agrícola mantiene un potencial importante en exportaciones de productos frescos y de alto valor. El reto central será generar confianza y estabilidad regulatoria que permitan atraer inversión productiva y consolidar un ciclo de crecimiento más sostenible.
Chile: estabilidad monetaria, pero con urgencia de diversificación
Chile cierra 2025 con un crecimiento cercano al 2.4%, resultado de una política monetaria eficaz para controlar la inflación, que se sitúa alrededor del 4%, y de una recuperación gradual de la demanda interna. La economía chilena continúa destacándose en la región por su solidez institucional, su apertura comercial y su capacidad para atraer inversión extranjera. Sin embargo, el país sigue altamente expuesto al ciclo del cobre, cuya volatilidad impacta directamente la recaudación fiscal, la inversión privada y el financiamiento externo.
Para 2026, el FMI proyecta un crecimiento de 2.7%, con un impulso importante de sectores vinculados a la transición energética. Chile se ha posicionado como un referente regional en energías renovables y se proyecta como uno de los futuros líderes en producción de hidrógeno verde. Asimismo, la industria del litio —fundamental para la electrificación global— podría atraer nuevas olas de inversión si se logra un marco regulatorio que combine sostenibilidad, competitividad y estabilidad jurídica.
Los desafíos estructurales siguen vigentes. La alta dependencia de materias primas limita la diversificación productiva y expone a la economía a choques externos recurrentes. Paralelamente, las tensiones sociales y las discusiones constitucionales recientes han puesto de manifiesto la necesidad de un contrato social más sólido e inclusivo. No obstante, Chile cuenta con ventajas competitivas reales: capital humano calificado, infraestructura desarrollada y un ecosistema favorable a la innovación. Si logra profundizar la diversificación y fortalecer la cohesión social, podría mantener su liderazgo económico en la región.
Ecuador: recuperación comercial acelerada, cambios en la estructura del crecimiento y sectores que sorprenden
Los datos acumulados de enero a septiembre de 2025 muestran que Ecuador está experimentando una recuperación comercial más fuerte de lo previsto. Según tus cálculos —y la serie mensual reconstruida con apoyo de inteligencia artificial— el crecimiento de las ventas totales alcanza un 8.27%, muy por encima del 2.67% registrado en todo 2024. Esta aceleración evidencia que la actividad económica, medida desde la facturación empresarial, está entrando en una fase de reactivación más amplia después de varios años de debilidad. Aun así, será fundamental observar si este dinamismo se mantiene hacia el cierre del año, considerando efectos estacionales, ajustes contables y posibles variaciones en la demanda agregada.


Uno de los aspectos más reveladores de los gráficos es el cambio en la composición sectorial del crecimiento de las ventas. Actividades tradicionalmente pequeñas —como entretenimiento, servicios personales, salud y servicios administrativos— lideran el dinamismo con tasas que superan el 12% e incluso llegan al 20%. En contraste, sectores estructurales como minería, telecomunicaciones, electricidad y agua muestran crecimientos modestos, en algunos casos cercanos al 2%. Este patrón indica que la reactivación proviene desde los sectores intensivos en mano de obra y consumo, antes que desde los sectores industriales o estratégicos, lo que produce una recuperación amplia, pero todavía poco profunda en términos de productividad.

La evolución mensual de las ventas también refuerza esta lectura. El gráfico muestra cómo, a lo largo de los últimos años, la facturación nacional ha seguido una tendencia ascendente, con picos estacionales claros y un fortalecimiento visible en 2024 y 2025. El valor más reciente sitúa las ventas mensuales en niveles históricamente altos, con comercio bordeando los USD 9.9 mil millones y manufactura aproximándose a USD 3.1 mil millones, lo que confirma que la recuperación no se limita a sectores específicos, sino que atraviesa de manera transversal a gran parte del tejido productivo. Sin embargo, el ritmo de crecimiento en manufactura sigue siendo moderado, lo que sugiere que el motor de la recuperación está más alineado con consumo que con expansión industrial.
Cuando se observa la serie histórica del crecimiento anual de las ventas, también aparece un contexto relevante. Tras los fuertes repuntes post-pandemia —22.58% en 2021 y 14.64% en 2022— la economía entró en una fase de desaceleración significativa: 3.89% en 2023 y 2.67% en 2024. En este marco, el 8.27% acumulado a septiembre de 2025 representa un quiebre importante de tendencia. Sin embargo, es imprescindible interpretarlo con cautela. Parte de este repunte puede estar influido por efectos base favorables o por normalizaciones en sectores que registraron caídas inusuales en 2024. El desafío analítico está en identificar cuánto del crecimiento actual es estructural y cuánto es transitorio.
Los retos hacia 2026 son claros. La fragilidad fiscal del país limita la capacidad del Estado para impulsar inversión pública que consolide la expansión comercial. La desaceleración petrolera y los costos crecientes de producción generan presiones adicionales sobre el presupuesto, lo que podría afectar liquidez empresarial, tiempos de pago y contratación de servicios. A esto se suma la necesidad urgente de mejorar infraestructura de red —electricidad, telecomunicaciones, logística— que experimenta crecimientos bajos en ventas, revelando carencias que afectan la competitividad del país.
Pese a los riesgos, Ecuador cuenta con oportunidades estratégicas reales. Su sector agroexportador continúa expandiéndose, la acuacultura mantiene liderazgo mundial, y la recuperación del comercio interno en 2025 muestra que los hogares están volviendo a consumir con mayor confianza. Si el país logra captar inversión en sectores logísticos, energéticos y tecnológicos, podría transformar este repunte comercial en una tendencia sostenida. De lo contrario, la recuperación podría ser transitoria y vulnerable a choques externos o a tensiones fiscales internas.
En síntesis, Ecuador muestra un crecimiento de ventas en 2025 notablemente mayor al esperado, con una reactivación transversal pero impulsada sobre todo por sectores de servicios y consumo. La sostenibilidad del crecimiento dependerá de la capacidad del país para fortalecer infraestructura, estabilizar sus finanzas públicas y atraer inversión en sectores de mayor productividad. Si estos elementos coinciden, 2026 podría marcar el inicio de un nuevo ciclo expansivo para la economía ecuatoriana.El desafío es determinar si esta aceleración representa un cambio estructural o un rebote temporal.
De cara a 2026, Ecuador enfrenta un conjunto complejo de retos. La fragilidad fiscal limita la capacidad de ampliar inversión pública o implementar estímulos significativos. El deterioro de la producción petrolera añade presión a las cuentas externas y fiscales, mientras sectores de red como electricidad, telecomunicaciones y logística muestran bajos niveles de modernización. Por otro lado, las oportunidades están presentes: el país ha consolidado un ecosistema competitivo en agroexportación, acuacultura y alimentos procesados, que podrían convertirse en motores sostenidos si se mejora la infraestructura y se fortalecen los marcos regulatorios.
En síntesis, Ecuador muestra un crecimiento económico 2025 sorprendentemente fuerte, pero su sostenibilidad dependerá de la inversión, la estabilidad fiscal y la capacidad de impulsar sectores de mayor productividad. Si el país logra traducir este repunte en reformas estructurales, 2026 podría marcar el inicio de un ciclo más sólido. Si no, la recuperación podría ser transitoria y vulnerable a choques externos.
Conclusión global: una región con potencial, pero en una encrucijada histórica
El análisis del crecimiento económico 2025 en Sudamérica muestra una región en plena transición. Perú avanza con estabilidad y dinamismo minero, pero depende demasiado de factores externos. Colombia mejora lentamente, aunque su situación fiscal exige atención inmediata. Chile mantiene liderazgo institucional y oportunidades en energías limpias, pero requiere reformas profundas para diversificarse. Ecuador experimenta una recuperación inesperada, aunque sobre una base débil que debe fortalecerse para evitar retrocesos.
Para 2026, el desafío compartido es claro: construir economías más diversificadas, innovadoras y productivas. La región tiene recursos, talento y mercados suficientes para hacerlo, pero necesita visión de largo plazo, estabilidad institucional y políticas públicas coherentes. El próximo año será decisivo para determinar si estos países aprovechan la ventana de oportunidad o vuelven a las dinámicas de crecimiento frágil que históricamente han limitado su progreso.
Referencias (Normas APA)
Fondo Monetario Internacional. (2024). World Economic Outlook Database. FMI.
Fondo Monetario Internacional. (2024). Regional Economic Outlook: Western Hemisphere. FMI.
Fondo Monetario Internacional. (2025). Country Reports: Peru, Colombia, Chile, Ecuador. FMI.

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