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El mercado espera a Santa… pero mira a la Fed

El mercado espera a Santa. El Santa Rally es la conversación financiera a medida que se acerca el cierre del año. Históricamente, las últimas sesiones de diciembre han ofrecido un sesgo alcista, pero confiar únicamente en la estacionalidad es una simplificación peligrosa. En el contexto actual —con una Reserva Federal dividida, señales mixtas de política monetaria y una inyección silenciosa de liquidez— el mercado no se mueve por tradición, sino por expectativas, condiciones financieras y posicionamiento.
Hoy, más que esperar a Santa, los mercados observan con atención a la Fed, al comportamiento de las tasas largas y a la verdadera profundidad de la liquidez disponible. Esa tensión entre optimismo estacional y cautela macroeconómica define el escenario actual y obliga a ir más allá de los titulares fáciles.
Cuando la estacionalidad ya no alcanza
Diciembre suele venir acompañado de una narrativa cómoda para los mercados: el Santa Rally, ese período estadísticamente favorable que comprende los últimos días hábiles del año y los primeros de enero. Sin embargo, confiar únicamente en la estacionalidad es un error recurrente. Los mercados no se mueven por el calendario, sino por liquidez, expectativas y posicionamiento.
Hoy, el mercado efectivamente “espera a Santa”, pero su mirada está puesta en otro lado: la Reserva Federal.
La Fed recorta, pero no convence
El reciente recorte de 25 puntos básicos, que llevó la tasa de referencia a 3,5%, fue interpretado por algunos como una señal clara de relajación monetaria. Sin embargo, esa lectura es incompleta. Más importante que el recorte en sí fue la división interna del FOMC: un miembro pidiendo 50 bps, dos oponiéndose a cualquier recorte y un presidente intentando mantener el equilibrio discursivo.
Jerome Powell volvió a desempeñar su papel habitual: ni demasiado dovish para disparar euforia, ni demasiado hawkish para provocar pánico. En sus palabras, apenas se proyecta un recorte adicional para el próximo año, lo que dista mucho de un giro expansivo claro.
Este tipo de comunicación ambigua no es casual. La Fed sabe que hoy las condiciones financieras pesan más que la tasa nominal, y cualquier señal excesivamente dovish podría relajar demasiado al mercado.
Liquidez silenciosa: no es QE, pero importa
Uno de los elementos más debatidos —y menos entendidos— del momento actual es la decisión de la Fed de iniciar compras de bonos del Tesoro de corto plazo (T-bills) por alrededor de 40 mil millones de dólares, con el objetivo de asegurar “liquidez adecuada” en el sistema bancario.
Técnicamente, esto no es Quantitative Easing. No hay compras de bonos largos ni un intento explícito de comprimir la curva. Sin embargo, desde el punto de vista del mercado, el efecto económico importa más que la etiqueta: aumentan las reservas, se reduce el estrés en money markets y se suavizan las condiciones financieras.
Como suele decirse en Wall Street: no importa cómo lo llames, importa cómo se siente.
SPY: un mercado fuerte, pero cansado
El comportamiento reciente del mercado accionario estadounidense refleja una realidad compleja: la tendencia de fondo sigue siendo positiva, pero el impulso ya no es tan amplio ni homogéneo como en fases anteriores del ciclo. Tras un episodio de elevada volatilidad a inicios de año, el mercado logró recuperar terreno y estabilizarse cerca de sus niveles más altos, lo que confirma que no existe, por ahora, una ruptura estructural del sesgo alcista.
Sin embargo, esta fortaleza convive con señales de madurez del movimiento. El avance ha sido ordenado, sin episodios de euforia generalizada, pero también sin la convicción que suele caracterizar a los tramos iniciales de un ciclo expansivo. El momentum se mantiene en terreno positivo, aunque ya no acelera con la misma intensidad, lo que sugiere un mercado que avanza más por inercia que por entusiasmo.
En este contexto, el escenario más coherente no es un rally explosivo, sino uno moderado y táctico, típico de fin de año. Movimientos acotados, del orden de 1% a 3%, encajan mejor con un mercado que aún cuenta con soporte de liquidez, pero que enfrenta límites claros impuestos por tasas largas elevadas y expectativas de crecimiento contenidas.
La ausencia de señales claras de exceso es positiva: no hay indicios de burbuja ni de distribución agresiva. Al mismo tiempo, la falta de catalizadores contundentes reduce la probabilidad de un avance acelerado. El resultado es un mercado que puede seguir subiendo, pero con pasos cortos y una sensibilidad creciente a cualquier cambio en las condiciones financieras.
La advertencia de los bonos
Si hay un mercado que el inversor promedio sigue ignorando, es el de bonos. Y sin embargo, ahí se esconde el principal riesgo para cualquier rally de fin de año. Tasas largas persistentemente elevadas implican condiciones financieras más restrictivas, incluso con recortes en la tasa de referencia.
Stanley Druckenmiller ha sido claro en múltiples ocasiones: “los grandes giros del mercado no los anticipa la Fed, los anticipa el mercado de bonos”. Mientras los rendimientos largos no cedan con convicción, cualquier rally será frágil.
Bitcoin: acompaña, pero no lidera
En este contexto, Bitcoin juega un rol particular. A diferencia de otros ciclos, hoy no actúa necesariamente como activo líder, sino como termómetro de liquidez y apetito por riesgo.
La reacción de Bitcoin al recorte de tasas y a las compras de T-bills fue moderada, casi indiferente. Esto sugiere que buena parte del escenario ya estaba descontado. Para que Bitcoin acompañe un Santa Rally de manera más clara, se necesitaría al menos uno de estos factores:
- Debilitamiento del dólar (DXY)
- Caída en tasas reales
- Expansión sostenida de liquidez, no solo técnica
Sin esas condiciones, lo más probable es un comportamiento lateral con sesgo alcista, no un movimiento parabólico.
Voces que llaman a la prudencia
Ray Dalio ha insistido recientemente en que el principal riesgo del entorno actual no es una recesión inmediata, sino la dinámica de endeudamiento y la política fiscal. En su visión, estos factores estructurales pueden mantener presiones persistentes sobre las tasas de interés de largo plazo, incluso en un escenario donde la Reserva Federal comience a recortar tasas de referencia. Es una advertencia relevante, porque desplaza el foco desde la política monetaria de corto plazo hacia los límites reales del sistema financiero.
Este punto es crucial para entender el momento actual del mercado. La Fed controla el precio del dinero a corto plazo, pero no controla el costo estructural del capital. Las tasas largas, influenciadas por expectativas fiscales, emisión de deuda y credibilidad macroeconómica, pueden actuar como un freno silencioso a cualquier intento de rally sostenido. Por eso, incluso con recortes de tasas, las condiciones financieras pueden no relajarse lo suficiente como para justificar un movimiento alcista amplio y duradero.
Entonces, la pregunta inevitable es si habrá o no Santa Rally. La respuesta honesta es que sí, es posible, pero bajo condiciones muy específicas. No se trata de un rally impulsado por entusiasmo económico o crecimiento acelerado, sino de un avance más técnico, apoyado en liquidez de corto plazo, posicionamiento y estacionalidad.
El escenario más probable es un movimiento moderado y ordenado, sin euforia, compatible con avances acotados y con una alta sensibilidad a cualquier cambio en las tasas largas o a un shock macro inesperado. La probabilidad de este escenario se ubica en torno al 45–55%, superior a la de una corrección profunda, pero lejos de garantizar un rally limpio y sostenido.
Por ello, este no es un mercado para apuestas agresivas ni para narrativas simplistas. Es un entorno que exige gestión táctica, selección cuidadosa de activos y una lectura fina de las señales que provienen de la liquidez, los bonos y la comunicación de la Fed. La disciplina pesa más que la convicción ideológica.
En definitiva, el mercado puede vestirse de Navidad, pero no deja de mirar a la Reserva Federal, a la liquidez y, sobre todo, al mercado de bonos. Si el Santa Rally ocurre, será más producto del posicionamiento y de las condiciones financieras que de un optimismo económico genuino. Porque en los mercados financieros, Santa puede llegar… pero nunca viene solo.
Bibliografía
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