EE. UU. intensifica su presión sobre Venezuela

Ilustración editorial que muestra la nueva ofensiva de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro, liderada por Marco Rubio, con símbolos de poder político, sanciones económicas y tensión militar en el Caribe.

La presión de Estados Unidos sobre Venezuela se ha reactivado con fuerza bajo el liderazgo de Marco Rubio, actual secretario de Estado y asesor de seguridad nacional de Donald Trump. Rubio, uno de los críticos más firmes del régimen de Nicolás Maduro, encabeza una estrategia que combina sanciones económicas, despliegue militar y presión diplomática para forzar una transición política en Caracas.

Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y exsenador republicano por Florida (2011-2025), ha pasado de impulsar sanciones en el Congreso a liderar directamente una estrategia de “máxima presión” desde el Ejecutivo. Según funcionarios estadounidenses, la nueva fase de la política hacia Caracas busca mezclar sanciones económicas, operaciones militares y presión diplomática para forzar la salida de Maduro, acusado por Washington de dirigir una red de narcotráfico y de haber convertido a Venezuela en refugio de organizaciones criminales.

Un enfoque más duro y coordinado

El plan de Rubio cuenta con el apoyo de figuras clave del entorno de Trump, como Stephen Miller, Susie Wiles y la exfiscal general Pamela Bondi, quienes coordinan las acciones entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado. La campaña se ha descrito como un esfuerzo conjunto que incluye la revocación de visados, la deportación de aliados del régimen y la intensificación de las operaciones contra los llamados “narco-terroristas”.

El Pentágono también ha movilizado recursos estratégicos: bombarderos B-52, cazas F-35 y drones MQ-9 han sido desplegados en el Caribe como parte de ejercicios militares que, según analistas, buscan disuadir al régimen chavista. En respuesta, Maduro ha movilizado tropas y milicias, alegando una amenaza de invasión.

Venezuela en el centro de la política exterior estadounidense

Para Trump, esta nueva ofensiva no solo representa un tema de seguridad nacional, sino también una oportunidad económica, dada la magnitud de las reservas petroleras venezolanas. La administración ve el colapso del régimen chavista como un posible “beneficio colateral” que permitiría abrir el mercado energético venezolano a empresas estadounidenses, a cambio de una transición política pactada.

Rubio ha defendido la estrategia como un deber moral y geopolítico: “Maduro es un cáncer en el hemisferio occidental”, afirmó recientemente, enmarcando la presión como una forma de “defender el territorio nacional” ante las redes criminales y la influencia de Cuba y Nicaragua. Su discurso apela directamente a la base más nacionalista del Partido Republicano.

Maduro responde y la tensión escala

Desde Caracas, Nicolás Maduro ha acusado a Rubio de “ingeniar una campaña de guerra” y advirtió al expresidente Trump que “Marco Rubio quiere manchar tus manos con sangre”. A pesar de las amenazas, la Casa Blanca parece decidida a mantener la línea dura, incluso después del fallido intento de acercamiento impulsado por el exenviado especial Ric Grenell, quien promovió una negociación pragmática centrada en liberar prisioneros y reabrir el sector petrolero a la inversión extranjera.

Analistas coinciden en que la presión de Estados Unidos sobre Venezuela marca un retorno a la diplomacia de poder en América Latina, con implicaciones que podrían reconfigurar el equilibrio geopolítico regional y las relaciones energéticas globales.

Fuente: The Wall Street Journal, 21 de octubre de 2025.


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