
La recompra de bonos del Tesoro anunciada por la administración de Scott Bessent logró apenas unas horas de alivio en el mercado de deuda estadounidense. Un día después del anuncio, los rendimientos de los Treasuries de largo plazo volvieron a subir, reflejando las dudas de los inversionistas sobre la capacidad de esta medida para contrarrestar presiones fiscales, inflacionarias y geopolíticas mucho más profundas.
El Departamento del Tesoro anunció el 19 de agosto que duplicará, como mínimo, el tamaño de sus operaciones de recompra destinadas a respaldar la liquidez de los bonos nominales con vencimientos entre 10 y 30 años. El máximo por operación aumentará desde USD 2.000 millones hasta al menos USD 4.000 millones a partir del 9 de septiembre y se mantendrá hasta el 4 de noviembre.
La reacción inicial fue contundente. Los precios de los bonos subieron y los yields bajaron, particularmente en el tramo largo de la curva. Sin embargo, el movimiento comenzó a revertirse rápidamente.
La recompra de bonos del Tesoro no detiene el repunte de los yields
Durante la jornada del jueves 20 de agosto, el rendimiento del Treasury a 10 años volvió a ubicarse alrededor del 4,7%, mientras que el bono a 30 años regresó hacia niveles cercanos al 5,25%. Reuters reportó que el rendimiento a 10 años avanzaba aproximadamente 5 puntos básicos hasta 4,71%, mientras el de 30 años alcanzaba 5,249%, acercándose nuevamente al máximo de 5,34% registrado esta semana, su mayor nivel desde 2007.
La velocidad de la reversión es relevante. El mercado parece distinguir entre una intervención capaz de mejorar temporalmente la liquidez y una solución a las fuerzas fundamentales que están elevando las tasas de largo plazo.
El propio Tesoro describe oficialmente las recompras como operaciones de liquidity support, destinadas a mejorar el funcionamiento de segmentos menos líquidos del mercado, no como una herramienta formal de política monetaria para fijar las tasas de interés.
Scott Bessent incluso señaló posteriormente que las operaciones podrían superar los USD 4.000 millones anunciados inicialmente. Según Reuters, el secretario explicó que uno de los objetivos es apoyar la liquidez de segmentos donde las operaciones pueden ser relativamente escasas, especialmente durante agosto y en un contexto de fuerte emisión corporativa.
El problema estructural está más allá de las recompras
El principal desafío es la escala.
La deuda pública total de Estados Unidos acaba de superar el umbral simbólico de USD 40 billones (trillion en inglés), mientras que el mercado de Treasuries supera los USD 32 billones. Frente a esas magnitudes, aumentar algunos miles de millones de dólares las recompras puede mejorar temporalmente la microestructura del mercado, pero difícilmente modifica la trayectoria fiscal estadounidense.
Este punto resulta clave para interpretar correctamente la operación.
Una recompra no elimina necesariamente el problema fiscal. El Tesoro retira determinados bonos, particularmente emisiones antiguas y menos líquidas, pero continúa necesitando financiar el déficit federal mediante nueva deuda.
Reuters señala además que el déficit presupuestario estadounidense permanece cerca del 6% del PIB, mientras que la deuda en manos del público se aproxima al 100% del producto. Esto ayuda a explicar por qué los inversionistas continúan exigiendo una prima mayor para mantener deuda estadounidense durante 20 o 30 años.
En otras palabras, las recompras pueden modificar temporalmente la oferta relativa de determinados Treasuries, pero no reducen por sí mismas el déficit ni las necesidades futuras de financiamiento.
Petróleo e inflación vuelven a presionar al mercado
La situación se complica por el nuevo repunte del petróleo asociado a la guerra con Irán y las disrupciones en Medio Oriente.
El Brent avanzaba el jueves alrededor de 2,1% hasta USD 93,56 por barril, mientras el WTI subía aproximadamente 2,5% hasta USD 88,01, máximos de más de tres semanas. Los problemas en el Estrecho de Hormuz y las interrupciones en las exportaciones energéticas están aumentando nuevamente el riesgo inflacionario global.
Para los Treasuries de largo plazo, esto representa un problema adicional.
Si el mercado anticipa una inflación persistentemente elevada, los inversionistas exigirán mayores rendimientos para mantener bonos durante décadas. Esto incrementa la llamada term premium, es decir, la compensación adicional exigida por asumir riesgo de inflación, duración e incertidumbre fiscal.
Por ello, una intervención relativamente pequeña del Tesoro puede encontrarse compitiendo contra fuerzas mucho mayores: inflación, déficits fiscales, nuevas emisiones gubernamentales, emisión corporativa y riesgo geopolítico.
Wall Street también siente la presión de las tasas
El aumento de los rendimientos comenzó nuevamente a afectar los activos de riesgo.
Durante la tarde del jueves, el S&P 500 retrocedía aproximadamente 0,7%, el Nasdaq alrededor de 1,1% y el Dow Jones más de 1%, según Reuters. Los mayores yields elevan la tasa utilizada para descontar los flujos futuros de las empresas, reduciendo especialmente el atractivo relativo de compañías con valuaciones elevadas.
Al mismo tiempo, el comportamiento de otros activos muestra que los inversionistas están buscando alternativas. Bitcoin superaba los USD 72.000 durante la sesión, mientras el oro también ha mostrado fortaleza en las últimas jornadas.
El resultado es un mercado en el que las señales tradicionales de refugio están cambiando: Treasuries, dólar, oro y activos digitales pueden reaccionar de manera diferente dependiendo de si los inversionistas perciben el principal riesgo como recesión, inflación, deterioro fiscal o pérdida de confianza monetaria.
¿Qué significa para los inversionistas?
La principal conclusión no es que las recompras hayan “fracasado”, sino que su alcance es limitado.
Las operaciones del Tesoro pueden mejorar la liquidez y reducir episodios de volatilidad extrema, pero difícilmente pueden mantener los rendimientos de largo plazo permanentemente bajos si continúan creciendo el déficit, la deuda y las expectativas de inflación.
Para los inversionistas, el nivel del Treasury a 10 años alrededor de 4,7% y del bono a 30 años por encima de 5,2% constituye ahora una variable crítica para acciones, crédito corporativo, hipotecas y valuaciones.
Si los rendimientos continúan ascendiendo, la curva podría seguir empinándose y aumentar la presión sobre las acciones de mayor duración. Por el contrario, una estabilización de la inflación, una reducción del riesgo geopolítico o señales creíbles de consolidación fiscal podrían generar nuevamente demanda por Treasuries de largo plazo.
La reacción del mercado en las próximas semanas permitirá determinar si la intervención de Bessent fue simplemente un alivio temporal o el comienzo de un cambio más profundo en la estrategia de financiamiento del Tesoro estadounidense.
Fuentes
MarketWatch (2026). https://www.marketwatch.com/story/treasury-rout-restarts-one-day-after-bessents-beefed-up-buyback-plan-972766a1
U.S. Department of the Treasury (2026). https://home.treasury.gov/news/press-releases/sb0607
Reuters (2026). https://www.reuters.com/world/us-treasury-double-sizes-some-debt-buyback-operations-least-4-billion-2026-08-19/
Reuters (2026). https://www.reuters.com/business/us-treasury-buyback-briefly-eases-bond-rout-debt-worries-persist-2026-08-20/


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